Algunos seres humanos vienen a la vida a servirse, otros a servir. Unos vienen a ser receptores pasivos de copiosas abundancias, otros a ofrendarse y a desgranar sus esencias por territorios yermos de esperanza y cargados de soledad a fin de que sus congéneres se resistan a ser devorados por la historia, a fenecer antes de ver realizados –al menos en parte– sus sueños. José Antonio Alonso –nuestro ‘Toño’– pertenece a los segundos. Pertenece al colectivo, tan necesario, de hombres que no se ocultan, que aceptan la vida como destino colectivo, como compromiso en el que, con los demás congéneres, se debe construir la historia como biografía común, en la que nadie quede excluido.

Con frecuencia se dice que la historia la confeccionan unos pocos y la sufren la mayoría, pero también, y con frecuencia, surgen luminarias, seres humanos comprometidos, que van diseminando a jirones su piel a fin de que todos seamos parte de ese proyecto, el de construir la biografía de cada pueblo, es decir, la historia. Son gentes que bregan para que cada ciudadano pueda decir su propia palabra, que desvelan y denuncian la mudez que algunos pretenden imponer. También a este colectivo pertenece José Antonio.

Un texto protocolario, simple y cargado de tópicos, pero correcto, vendría a refrescarnos que hace un año nos dejó tras grave enfermedad nuestro joven compañero –si bien simpatizante con el PSOE, mas no militante– habiendo cumplido con entrega y eficacia numerosos cargos al más alto nivel, un buen servidor de España, un profesional competente en su profesión jurídica y, sobre todo, un ciudadano ejemplar. Personalmente podría agregar, y desde mi responsabilidad en el PSOE leonés, que el compañero ‘Toño’ es un referente ejemplarizante indubitable; mas este relato quedaría insuficiente y es conocido. De ahí que me detenga en otras dimensiones.

He utilizado el término compañero, un calificativo inequívoco en quien recae su significado primigenio: «el que comparte el pan»(cumpanis). Y compartir el pan, lo que se dispone, es la mayor entrega y la más alta generosidad posibles en nuestra cultura. Es una donación cargada de responsabilidad por parte de quien alza su mirada hacia las potencialidades de las personas que nunca deben ser cercenadas. Propia de quienes sienten la vida en un tiempo, el presente continuo, y en un espacio, la tierra que nos ha sido entregada; valores presentes en José Antonio y compartidos por el socialismo. Es la dimensión de iterado compromiso en mejorar la estancia en este Planeta de todos los seres humanos y en todos los órdenes. Mas siendo ‘Toño’ un gran amante de su pueblo, León, al que se acercaba con frecuencia desde sus varios destinos, tampoco obviaba el citado sentido de totalidad, el universalismo o la ausencia de visiones de escasa perspectiva; estaba ajeno a espurios nacionalismos.

Ciertamente estos y otros valores se hallaban tatuados indeleblemente en su piel y compartidos, aun no siendo militante, con los socialistas; mas deseo destacar otro valor al que nunca renunció y defendió hasta donde le fue posible y que los socialistas, así como el resto de ciudadanos, debemos tener presente y nunca renunciar a él, construirlo y perfeccionarlo, pues en sus entornos nos jugamos la historia común que refería al inicio de estas líneas: la democracia. No se está en democracia hasta que en nuestro interior no la sintamos ni es demócrata un sistema por que se autodenomine o así lo regulen unos pocos. La democracia es el hábitat más natural del ser humano. Es el espacio el que se construye un escenario acogedor en el que todos seres humanos puedan auparse, desarrollar e interpretar su papel. Ser personas, se podría resumir, dejar de ser puros números votantes y poder, como señalaba al principio, decir la propia palabra. Y pronunciar la palabra no es simple verbalización de partes oracionales; más bien es reflexionar y actuar. José Antonio fue un hombre demócrata y praxiológico porque aunaba la reflexión y la acción; desde sus puestos de responsabilidad defendió la libertad de los ciudadanos, bregó contra la lacra del terrorismo, impulsó necesarias leyes para la convivencia, aplicó la justicia con mesura y, desde la convicción de lo que hacía, siempre regalaba una sonrisa y muchas palabras amables incluso con adversarios no bien intencionados. Y estos son valores socialistas que perviven y deben permanecer en nuestra esencia.

Desde esta perspectiva, reitero que ejemplarizante, y desde nuestro ámbito leonés, mas sin olvidar la aludida visión universal, estimo que, también desde la reflexión y la acción, debemos alzar la mirada a nuestro espacio y en nuestro tiempo y contemplar con cierta amargura y preocupación el real abandono u olvido de nuestra provincia. Los indicadores, en casi todos los niveles, que sobre ella recaen conducen a la preocupación y año a año en descenso. Ante este panorama los socialistas no podemos estar ausentes ni ajenos. Sin lugar a dudas no la estaría ‘Toño’. Nosotros debemos recuperar su mensaje, somos demócratas y la democracia peligra sin el desarrollo y el bienestar de los pueblos de acuerdo con los ya reconocidos indicadores económico-sociales. Debemos, pues, estar en duermevela a fin de ausentar las tinieblas y cierta opacidad que se teje sobre nuestra tierra. El silencio es real y dramático. Luego estamos comprometidos a decir nuestra palabra y a nunca renunciar a los valores señalados y tantas veces mostrados por nuestro ‘Toño’ Alonso, real antorcha.

Compañero, sé, que aun yéndote prontamente, lograste los óbolos necesarios para el barquero Caronte y suficientes obras para permanecer en nuestra memoria. Gracias.